martes, mayo 12, 2009

Hijos de la luna


Era noche cerrada y corría aire fresco, la luz de la luna bañaba mi rostro, que relucía pétreo bajo el viejo árbol, lleno de desespero. Tremendas leyendas se contaban de aquel bosque. Decían que por la noche se escuchaban los llantos de un niño pequeño, agonizantes, pero nadie se atrevía a entrar. Y que poca solidaridad pensarás, pero créeme era mejor no hacerlo. Aun que yo…digamos que no podía impedirlo, ya no tenía remedio.

Mejor volvamos al pasado, cuando una niña de cabellos claros se paseaba por las lindes del bosque. Su sentido común le decía “No entres”, pero al fin y al cabo era una niña más y para aprender hay que cometer errores. Caminó, mucho tiempo, pero ella asombrada por la cantidad de formas que recopilaban los árboles no se había dado cuenta de que la noche se filtraba por las copas de los arboles, dejando el día aparte. Cuando se fijó, sus piernas empezaron a temblar, sentía que era perseguida. Los ojos se le llenaron de temor, ahora lo que antes le había parecido un bosque encantador se había convertido en una verdadera tumba. Algo crujió a su espalda. Se giró. Sus ojos reflejaron miedo, angustia, se abrieron ampliamente, más de lo que imaginas. Gritó. Había un enorme lobo de ojos rojos que centellaban en la oscuridad. Saltó hacia ella. Pero la niña comenzó a correr por aquel bosque sin salida. Ella se había convertido en un juego para el lobo. Entró entre las raíces retorcidas de un árbol. Pequeño para el lobo, pero de poca resistencia y con una entrada trasera. Así que si ser esperado, se encontró con la cara del lobo que le mostraba sus colmillos y unos ojos llenos de ansia y locura. En aquel pueblo no volvió a saberse nada de ella.


Ahora estoy condenada a vagar por este bosque, sola. A la espera de que algún niñito incauto entre en el y caiga en las redes de la oscuridad, donde todo se torna igual y el temor se apodera de ti.


Sí, lo se muy bien…lo se, se que solo podré salir de aquí cuando aúlle a la luna para ofrecerle mi dulce cacería. Entonces dejaré de ser prisionera de esa dulce luz que me llama y aclama todas las noches…



By: Sara

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