viernes, junio 12, 2009

Angelo nero



Ella está todas las noches inmóvil, con su fría mirada perdida en el horizonte, en el tejado de la torre. Observa a cada ser que pasa a su alrededor. Fuera del alcance de las miradas humanas. Incapaces de ver algo tan hermoso y temido.
Agita sus alas. Una pluma negra se desprende de ellas. Lentamente aterriza en las losas. El contacto de una parte de su ser con la Tierra, produce un leve temblor en el suelo. Comienza a volar, dejando su rastro en el aire. Es hora de que vuelva a su palacio. El día se acerca, ella ya no está.



Alguien ha hecho que enfurezca. De nuevo, la sangre se desliza lentamente llamando la atención de otros seres deseosos de ella. Inmune a ese olor, camina descalza, sosteniendo una daga ensangrentada. Se agacha para recoger el cuerpo inerte y llevarlo a su futuro mundo. Ningún alma escapa de ella. Todas son conducidas hasta su nueva vida. Ese es su trabajo. Solo alguien sin alma ni corazón es capaz de eso.

Y me pregunto ¿Por qué existen seres así? incapaces de amar, ya nada sienten. Un día ella me contestó. Su gélida mirada fijó en mis inocentes ojos muy lejos de la verdad. “Este es mi destino, vivir en la silueta muerta de un pobre ángel caído incapaz de liberarse de las cadenas del temido olvido. Ya nadie me quiere, nadie me ve ni conoce mi existencia, solo sirvo para coger las almas perdidas y llevarlas a las puertas del cielo o del infierno.” Aquellas fueron y son las palabras más frías que oiré nunca. Por eso quiero morir, quiero liberarla y ser yo el esclavo.




La miré a los ojos. “Vive” me dijo. “¿Por qué?” “Porque la vida es lo mejor puedas tener, solo cuando pierdes algo aprendes a valorarlo. Ahora se que no debí haber muerto hasta que llegase mi momento. Pero tú…tú quieres perder aquello que yo derroché…” “Quiero que seas libre de vagar eternamente en una oscura frialdad” “No puedes hacer nada, solo cuando ellos abran las puertas, podré liberarme” Demasiadas dudas surgieron en mi mente, pero solo una tuvo respuesta: Ella se había convertido en una máquina del destino, que jamás podría volver a ser lo que fue, un hermoso ángel sin el alma apedreada.




Lo decidí cuando oí sus palabras teñidas de amargura y soledad. Suplicándome en el silencio que siguiera con vida, que lo hiciera por ella.
Seguiré viviendo en las calles de esta transitada ciudad, viviendo cada día al límite, pensando en las consecuencias que puede traer hacer las cosas de una manera o de otra. Y moriré con una sonrisa, al saber que he cumplido mi más preciado deseo.


By: Sara

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